Post escrito el 20 de agosto de 2024
Como te había contado en el post anterior esta semana me tocaba el primer ultrasonido.
Llegué al lugar super nerviosa y con una sensación reprimida de ganas de llorar. Su papá estaba super tranquilo esperando que sea la hora de la cita tomando un cafecito. Cuando me preguntó cómo estaba le conté lo que me estaba pasando y que no quería ni hablar porque tenía muchas ganas de llorar. Necesitaba desesperadamente que me dijeran que estaba todo bien. Tenía miedo (que no sé de dónde venía) de que algo no vaya bien.
Él con toda su calma me contuvo hasta que llegó el momento de la cita médica.
Me tocó pasar al consultorio y muy a mi pesar me dijeron que ese día no iba a ser el ultrasonido. Que me iban a dar otra cita para que lo pudiera hacer. Ahora sí era un desastre emocional en toda regla jaja. Ese día no se me iba a ir la duda de si estaba todo bien.
Conseguí cita para dos días después, por suerte fue rápido. Volvimos nuevamente al centro de salud pero esta vez no tenía ese nudo en la garganta como el otro día. Algo me decía que iba todo bien y que tenía que estar tranquila.
Llegó el momento. Junto con la primer imagen llegaron frases de la profesional que decía “Es uno”, “Está bien implantado”, “Su corazón late bien” y lo escuche; un ruido tan raro pero tan aliviante a la vez. Muy difícil de poner en palabras la verdad.
No lloré como había pensado, miraba con ojos de asombro, la sonrisa más grande que tuve en mi vida y con una mano en el pecho. Realmente no podía creer lo que estaba viendo.
Me paso otra más de madre primeriza y ansiosa esta semana, tal vez te la cuento la semana que viene.
Hasta la próxima 🙂
Jimena González
Health Coach


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